lunes, 29 de agosto de 2011

El desafio de limpieza de la costa este de los Estados Unidos tras el paso del huracán Irene

Las prioridades son el bombeo de agua de los túneles del Metro, el arreglo de semáforos en la capital del país y el retiro de escombros de centenares de carreteras.



Si bien los primeros reportes señalaron que el daño no fue tan serio como se esperaba, en muchos lugares tendrán que pasar varios días antes de que las cosas vuelvan a la normalidad.



Mientras la costa oriental de los Estados Unidos se preparaba para el inicio de la semana laboral.



Para el domingo, más de 4 millones de hogares y negocios a lo largo de la costa todavía no contaban con servicio de energía eléctrica. Las carreteras eran intransitables debido a las inundaciones y los árboles y cables de electricidad derribados.



Y mientras no se conoce con exactitud el alcance de los daños, los primeros cálculos los consideran como de miles de millones de dólares.



En toda la costa, la imagen fue la misma: viviendas dañadas, barcos varados y otros lanzados sobre tierra, enormes árboles arrancados de raíz y automóviles debajo de las aguas. En las zonas más afectadas, unas 20 viviendas quedaron destruidas en las zonas residenciales.



Sin embargo, para muchos, la tormenta resultó más un inconveniente que un desastre. En Ocean City, Maryland, Charlie Koetzle ignoró la orden de evacuación y fue al camino paralelo a la orilla del mar antes del amanecer, vistiendo su traje de baño y sandalias mientras decía que siempre deseó ver un huracán.



Al preguntarle sobre los daños, mencionó una señal, que fue derribada por los vientos. "La playa sigue aquí, y es enorme", dijo. "No creo que haya sido tan serio como dijeron que sería".



Irene azotó el Caribe y afectó prácticamente a todos los estados del litoral este mientras avanza hacia Canadá.



La tormenta trajo consigo lluvias torrenciales y fuertes vientos, y en cierto punto se extendió 480 kilómetros de su vórtice. Finalmente tocó tierra en los Estados Unidos el sábado por la mañana, en Carolina del Norte, como huracán de categoría 1.



Para el domingo, su fuerza disminuyó para convertirse en tormenta tropical cerca de Nueva York.



Las aguas de ríos desbordados inundaron calles y carreteras de Nueva Jersey, entre ellas, la Autopista Nueva Jersey y la Interestatal 295.



Durante el fin de semana, más de 11 mil vuelos fueron cancelados a nivel nacional, y cientos más serán suspendidos el lunes por la mañana, informó un servicio de itinerario de vuelos.



El panorama no se presenta muy favorable, porque esta semana será muy difícil hallar asientos disponibles para acomodar a los viajeros desplazados en vista de que se trata de la última de la temporada de vacaciones estivales en el hemisferio norte.



La costa oriental estadounidense no podrá permitirse el lujo de relajarse demasiado después de haberse librado de la violencia de Irene.



Frente a las costas de África hay un conjunto de nubes que, según las computadoras especiales, indican una probable amenaza en la misma dirección dentro de unos 10 días, dijo Max Mayfield, ex director del Centro Nacional de Huracanes.



El centro les otorga un 40% de probabilidades de que se conviertan en una tormenta con nombre propio en los próximos dos días.



Irene fue el primer huracán que tocó tierra en el territorio continental de los Estados Unidos desde 2008, y llegó casi seis años después del día en que Katrina devastó Nueva Orleáns, el 29 de agosto de 2005. Fuente: AP

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