domingo, 31 de octubre de 2010

La negación de la izquierda latinoamericana en denunciar las violaciones a los Derechos en Cuba

En el libro "Silencio, Cuba. La izquierda democrática frente al régimen de la Revolución Cubana", Claudia Hilb analiza el posicionamiento de sectores progresistas respecto a los rasgos autoritarios del régimen cubano y el porqué de su silencio respecto a esa situación

Hilb, doctora en Ciencias Sociales y profesora en la Universidad de Buenos Aires, parte de un interrogante -¿es posible rescatar los logros del régimen de los Castro y negar sus violaciones a las libertades civiles?- para tratar de comprender porqué la izquierda democrática latinoamericana nunca se atrevió a condenar esas acciones.

En una presentación realizada en la Universidad de Bologna en Buenos Aires (www.ba.unibo.it), la autora calificó como "sorprendente" el histórico silencio de esos sectores respecto de la "naturaleza opresiva" del régimen surgido de la revolución cubana.

"Muchos sectores piensan en voz baja que el régimen es indefendible pero pocos están dispuestos a decirlo en voz alta. De Cuba no se habla", sostuvo al calificar al gobierno de los Castro como de "carácter antidemocrático, antilibertario y represivo".

Para Hilb, a los sectores de la izquierda latinoamericana les resulta mucho más sencillo condenar enfáticamente a dictaduras lejanas que cometen idénticas violaciones a las de Cuba.

"El silencio no podría explicarse simplemente por una adhesión sentimental o por el viejo enamoramiento con la revolución. En el silencio hay razones político-intelectuales más complejas que la nostalgia y que tienen que ver con el modo en que en la revolución cubana se anudan la búsqueda de la igualdad y la conformación de un régimen de dominación total", agregó la escritora.

Según esta tesis, la renuencia a pronunciarse sobre las violaciones a los derechos humanos en Cuba encuentra el punto de resistencia en la defensa de la igualación de las condiciones sociales y de la universalización del acceso a la salud y a la educación que fueron puestas en marcha durante la primera década del gobierno de Fidel Castro, en los lejanos años 60.

En su libro, Hilb intenta sostener que las realizaciones del régimen no pueden ser disociadas de una "vocación de dominación total". "La igualad no puede ser aislada del modo en que se concentró el poder en manos de Fidel Castro y de la manera en que se fue silenciando toda posibilidad de disenso", acotó.

"No podemos amparar nuestras conciencias diciendo que defendemos la igualdad de condiciones pero nos oponemos a la conculcación de las libertades o a la violación de derechos políticos y civiles por parte de ese mismo gobierno", afirmó Hilb quien reconoció que en el pasado apoyó al castrismo.

Ese sustento a las ideas iniciales de la revolución cubana colocan a la autora en la "obligación ética de no callar" frente a los atropellos de la actualidad.

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